‘Mi nueva vida’, un hotel donde morir

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 2 mins de aprendizaje


¿Alguna vez te has pensando dónde quieres morir? ‘Mi nueva vida’ es un espacio, un hotel, donde pasar tus últimos días… ¿entras?

Desde que empezamos a tener uso de razón empezamos a soñar cómo queremos que sea nuestra vida; al principio es un sueño y luego se convierte en una planificación: quiero estudiar esta carrera, quiero viajar a este país, quiero trabajar aquí, etc.

Pero hay algo que nunca nos planteamos, qué es ¿dónde queremos morir?

La vida sin la muerte y la muerte sin la vida no se entienden, pero ¿por qué damos la espalda a la muerte?

En el podcast que hice sobre el Trabajo Social en la funerarias ya descubrimos que somos una sociedad que huye de la muerte, que es algo de lo que no queremos hablar, tenemos temor… pero que todos sabemos qué está ahí.

Hace unos días acudí a una jornada sobre las personas sin hogar. Además de las problemáticas que conlleva este tipo de situación, se hizo una reflexión muy interesante… ¿cuánto de duro es morir solo y encima hacerlo en la calle?.

Y de esa idea, nació en mi cerebro la siguiente reflexión.

¿Y si creamos el primer hotel donde morir?

Antes de seguir leyendo, quiero que si lo haces tengas la mente lo suficientemente abierta como para digerir todo lo que voy a exponer, sin prejuzgar y sin frivolizar.

También quiero que entiendas que este post lo hago desde dos lados. El primero reflexionar sobre la muerte y el segundo desde un lado más emprendedor, de alguien que quiere ir más allá de lo establecido.

¿Preparada? ¿preparado? Empiezo.

Para mi existen dos maneras de morir: de manera repentina o viéndolo venir. La primera opción la vamos a descartar, porque cuando la muerte llega sin avisar… poco podemos hacer.

En cambio quiero hablar de esa muerte que sabemos que está cerca, ya sea porque la persona es mayor o por una enfermedad.

En muchos momento yo he reflexionado cómo me gustaría morir y sé lo dónde no me gustaría hacerlo. No quiero morirme en una cama de una hospital o solo en una habitación. El hospital creo que es demasiado frio como para pasar los últimos días. Y estar solo en una habitación, me da una tristeza que no quiero que me invada.

Por ello, me gustaría pasar mis últimos días en una habitación de un hotel con pulsera incluida. Y no me refiero solo a la parte de la comida, sino también a la parte de diversión y a la parte emocional.

Me imagino estar en un espacio donde poder tener un gran catálogo de actividades qué poder hacer: una charla sobre un tema de actualidad, que alguien me lea un libro si yo no puedo hacerlo, ver esa película de mi infancia en la televisión de mi habitación.

También quiero poder contar con un profesional que me estabilice emocionalmente o que de herramientas para lo que está por venir a mi familia; que me(nos) ayude en el duelo; incluso que sea capaz de acompañarme en la labor de hacer mi historia de vida.

En este hotel se encargarán de todo una vez llegue el momento. Ellos llamarán a la funeraria y harán todas las gestiones. También podrán organizar conmigo mi funeral: entierro o incineración; con o sin música; donar o no donar órganos; etc.

Creo que lo más duro que hay es pasar tus últimos días solo o mirando un punto blando de la habitación. O por lo menos para mi así sería.

El nombre del hotel lo tengo claro, me encantaría decir: «adiós, me voy a mi nueva vida«. Un lugar sin horarios de visita, incluso con habitaciones al lado para mi familia y amigos.

Al hotel podrá acudir aquella persona que lo desee, unas últimas vacaciones pagadas. Y por supuesto, el espacio deberá tener plazas para aquellas personas sin recursos… porque nadie se merece morir solo.

Tal vez todo esto sea una locura o tal vez no. Tal vez alguien sea tan valiente de crear un espacio así, un espacio que dignifique la muerte.

Por supuesto, el espacio deberá contratar trabajadores sociales.

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